Post de autor (Completo) para Libros Prohibidos

juan-munoz-florez-210Siento colgar esa foto, pero no tengo nada mejor para parecer un autor. O peor, quién sabe. Un amigo me dijo que no le gustaba porque parecía una persona con muchos problemas. Yo le respondí que sustituyera el “parecía” por el “era” a ver qué pensaba entonces. Sonrió y a otra cosa mariposa.

Mi CV literario está cerca del 0. Unos cuantos cuentos -casi todos de terror-, de los cuales uno fue premiado (“Que gracias por todo”); una novela inconclusa por falta de planificación y porque llegó el verano y me fui a Grecia a la playa, y poco más. Triste, lo sé.

Por desgracia, mis (de)méritos están más en el ámbito académico y de la investigación. Estudié Filología Clásica, como un tal Diego Valente, y, a lo largo de los casi 10 años que me tiré en la universidad entre carrera, máster y tesis inconclusa, tuve la suerte y la desgracia de ganar varios premios. Suerte porque los extraeuros que me entraban me ayudaban a sufragar mi simulacro de vida y desgracia porque no hacían más que alimentar la gigantesca mentira que yo me contaba a mí mismo sobre mi futuro allí. Por si queréis saber alguno, el Premio Nacional de Fin de Carrera, el Premio de la Facultad de Filología de la Complutense, el Premio a Mejor Trabajo de Investigación de la Fundación Pastor o el Premio a Mejor Trabajo de Investigación de la SEEC, son de los que me siento más orgulloso. Pero vamos, aparte de para sacar el ego un poco a pasear en ocasiones como ésta, para poco más me han servido.

En fin, hace dos años me marché de la universidad para no volver jamás y poco más hay que decir de eso. Prácticamente sólo salvo los dos años que estuve dando clases en Literatura del Mundo Antiguo para Historia del Arte, que fueron alucinantes, súper estimulantes y en los que conocí a muchos de mis mejores amigos y amigas.

No tengo manías especiales, al menos no en cuanto a la escritura. Sí es cierto que “El Demacre”, por aparecer en el peor momento de mi vida y no estar en condiciones de tolerar ni un segundo de sobriedad, lo escribí pedo, qué le vamos a hacer. Me despertaba, corregía durante una o dos horas lo escrito la noche anterior, comenzaba a beber o a lo que fuera enseguida, por si acaso llegaba el pasado ahí dando duro, y me tiraba diez o doce horas en el antedicho estado de pedo, escribiendo y comentando cada párrafo con la amiga en cuya casa vivía de acogida. La novela, desde luego, es tan mía como suya. Y sin ella hoy yo no estaría escribiendo para vosotros. Pero todo esto viene a que no tengo muy claro que yo sea capaz de componer algo potable si no es sobreestimulado, o muy deprimido, o cualquier cosa que haga que tenga todos los poros del alma abiertos en canal, por decirlo en modo cursi. No es que yo sea un Tolstói, pero si tengo una chispa de talento, por mínima que sea, estoy bastante convencido de que sólo puedo prenderla a base de acelerantes de los de a flor de piel. De hecho, siempre me ha atraído bastante la idea de emular a Philip K. Dick, quien, después de un divorcio tipo Guerra de los Rose, se largó a una cabaña de la montaña a escribir durante meses con un saco de anfetaminas por equipaje. Se supone que de ahí salieron obras maestras como “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, “El hombre en el castillo” y “Los tres estigmas de Palmer Eldritch”. Como experimento autoinfligido puede molar. Con el riesgo evidente de acabar tan loco como él, claro.

Tengo decenas de héroes literarios. El mencionado Philip Dick es uno de ellos, por supuesto. Los rusos y los norteamericanos son los autores en quienes más quiero verme. Más que como autor como persona. Para mí ellos son ejemplos de todo, hasta los “peores”. Dentro de unos años, yo querría llegar a provocar en algún chaval lo que gente como el mencionado Tolstói o Ross MacDonald provocaron en mí, que va mucho más allá de la adoración loca por sus novelas. Es haber encontrado por fin hacia dónde mirar cuando estás perdido, un interlocutor que parece conocer todas las respuestas que a ti te faltan. Pero claro, para eso hay que llevar a cabo una despiadada e integral revolución ética en uno mismo o venir así de casa, y yo ni una cosa ni la otra. Pero cuando leo busco eso, gente que me dé luz, que me ayude, gente con la que me pueda imaginar hablando un rato emocionados los dos, o gente a la que poder escuchar mientras me cuenta cosas en forma y fondo que yo jamás podré ni siquiera soñar. Por citar a unos pocos, diré Lermontov, Chandler, Vian, Catulo, Safo, Miguel Hernández, Dostoievski, Bloch, Lovecraft, Himes, Calvino, Tucídides, Pardo Bazán, Turguenev, Istrati, Sófocles, Hammett, Polydouri, Arquíloco, Tácito… Y hace nada una chica a quien no conozco me recomendó a una poeta alucinante: Sara Teasdale. Será ídolo futuro con seguridad.

Por otra parte, ahora mismo no escribo nada de ficción. Yo estaba completamente fuera de este mundo y no tenía ni redes sociales, ni blog, ni colaboraba con nada ni con nadie. Ahora mismo aspiro a tuitstar, escribo para mi blog “El Demacre y yo” y, cuando consigo ponerme medio serio, le envío los frutos de mi putrefacta sapiencia a La Piedra de Sísifo, algo que he conseguido ni más ni menos que tres veces desde septiembre. Heroico. Pues bien, todo eso se lleva el escaso producto que mis neuronas pueden parir. Además estoy a muerte con la radio de “Espacios Europeos” y no tengo la cabeza para meterme en otra historia. Sí que voy acumulando escenas, personajes y diálogos para la próxima, que no sé si estará lo suficientemente despegada de “El Demacre”. No obstante, aún es todo un magma informe no obstante que bello. Pues al principio fue el Caos, que no el Verbo. Y el Caos era un Bostezo Cósmico. Eso aprendí yo en las clases de Hesíodo, al menos. Gran lección de vida.

Trabajo dando clases. De lo que sea. Normalmente me desplazo en bicicleta, lo cual lo deja todo a medio camino entre lo tierno y lo patético. El germen de la novela en realidad surgió de mis bien fundamentadas tentaciones por ofrecerle mi colaboración a algún Chi de la vida o de convertirme yo mismo en uno, pero fui cobarde y decidí mantenerme -más o menos- a este lado de la ley y sólo fantasear con la posibilidad de lo contrario. También es posible que en primavera de nuevo me vaya de España (aplausos). He vivido ya en Serbia y Grecia y tal vez los desgraciados filipinos me sufran durante un tiempo. Pero todo está por ver. Amo mi ciudad, amo a mis amigos y amigas y sólo me hace falta que un par de cosas mejoren para que decida prolongar sine die mi estancia por aquí. Lamentablemente para mí, no hay muchos visos de que eso vaya a suceder, por lo que las probabilidades de que emigre una temporada son altas.

Por último quiero daros las muchísimas gracias por la nominación y añadir que, de resultar ganador del PGB16, donaré el montante del premio en su totalidad a causas benéficas.

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